Alguien camina sobre tu tumba - Mariana Enriquez

 




 Los viajes a cementerios del mundo de Mariana Enríquez, la "rockstar" de la literatura argentina de terror




Mariana Enriquez es una grandísima escritora. De las mejores que tenemos en Argentina y en América Latina, tiene muchísimo talento y todos los premios y reconocimientos que está cosechando -como la nominación al Booker Prize, por "Los peligros de fumar en la cama"- son más que merecidos. Sobre todo porque se dedica a un género literario que siempre fue menospreciado por la crítica -porque es popular, como el policial y el de aventuras- que es el terror. "Discípula de Stephen King", dicen sobre ella algunos. Yo me atrevo a afirmar que es eso y mucho más, pocos autores supieron reflejar la cruda realidad de la Argentina como ella en sus cuentos y novelas. Mariana nos muestra el lado más incómodo, más sucio, más marginal de la sociedad argentina. La parte más oscura del ser humano, filtrada mediante procedimientos narrativos. "Escribe sobre lo podrido y lo maléfico en la vida cotidiana", dijo Beatriz Sarlo, la crítica literaria más importante de mi país. 

Ésta escritora me encanta porque su mundo interior, es fascinante. Uno mira sus redes sociales -ya sólo tiene Instagram, se vio obligada a cerrar Twitter por defender la libertad de expresión de una autora colombiana y recibir una lluvia de insultos y acusaciones injustas- y ve que en lugar de publicar cincuenta glamorosas fotografías de su cara, sube fotografías de sus músicos predilectos -como Nick Cave- de actores como Cillian Murphy o Alexander Skarsgård (quien inspiró al personaje de Juan Peterson, de "Nuestra parte de noche") o filmaciones breves de los conciertos a los que asiste, más allá de los eventos literarios en los que participa para promocionar los libros que publica. 

Más allá de ser escritora, Mariana es periodista musical desde hace más de 20 años, una rockera -hasta le gusta el Black Metal, así que es más heavy que yo- , una mujer que tiene una sensibilidad e inteligencia exquisitas para percibir y analizar, evaluar, la música popular, la literatura, los íconos de la cultura pop, y sobre todo, una señora distinta, poco convencional. Échenle un vistazo a su libro "El otro lado", la recopilación de sus artículos periodísticos publicados en el diario Página 12 que compiló su amiga Leila Guerriero, no tiene desperdicio.

Enriquez tiene 50 años y se negó a ser madre, en un país como la Argentina, donde la maternidad era -y sigue siendo- casi un imperativo para las mujeres de su generación. ¿Por qué es una autora que me interpela? Supongo que porque iba a los conciertos, a los recitales, de rock desde joven y sobre todo, se crio en Lanús, en el conurbano bonaerense, como yo -que soy de zona oeste, pero da igual-. Para el lector que no es argentino, aclaro que el Gran Buenos Aires o AMBA, son las pequeñas ciudades que rodean a la Capital Federal, o sea Buenos Aires. A donde iban a parar los obreros que viajaban a la city en tren o colectivo para trabajar y que, como los costos de los terrenos allí eran caros, compraron a las afueras. Como mis abuelos, por ejemplo. Que eran hijos de inmigrantes europeos humildes, pobres, y ni en sus sueños podrían haberse comprado una casa en la Ciudad de Buenos Aires. 

Menciono esto, porque haber crecido en el conurbano bonaerense -un territorio marginal, suburbano, pobre y peligroso- marcó la literatura de ésta escritora argentina. Luego se fue a vivir a La Plata, la ciudad universitaria por excelencia de la provincia de Buenos Aires, donde estudió Periodismo y Comunicación Social, graduándose en una de las casas de estudios más prestigiosas del país. 



Mapa de las ciudades que conforman el conurbano bonaerense. A la derecha se ve Lanús, el partido donde nació y se crio Mariana Enríquez. 



En "Alguien camina sobre tu tumba" (Anagrama, 2013) Mariana Enriquez nos va a contar, que para realizar su tour por los cementerios de diversos países, se alojaba en un hostel barato en Perth, Australia, repleto de huéspedes pintorescos y estrafalarios, visitando a su novio, un muchacho australiano que era mecánico de bicicletas (con el cual se terminó casando) o sino se hospedaba en casas de amigos escritores en Cuba o Estados Unidos -porque no tenía dinero para pagar un hotel-. La autora argentina nos comenta cómo se gastó todos sus ahorros poco antes de la crisis del 2001 en un viaje a Cuba para ver a su banda favorita, Manic Street Preachers y cuando visita Nueva Orleans, Louisana, se pregunta si podrá volver a ir, si tendrá el dinero suficiente para volver a visitar ésa ciudad. 


Mi hermana a veces me dice: si tuvieras Instagram, sería parecido al de ésta escritora y sí, en lugar de publicar cincuenta fotos de mi cara -cual supermodelo de Vogue-, subiría imágenes de Tarja, de los libros que leo, de los autores que me gustan, de los conciertos a los que asisto... Del mundo interior. Porque eso es lo que me importa y en ésta autora argentina, reconozco lo mismo. Escribe porque está más enfocada en hablar sobre sus autores favoritos, en su amor por el arte, que en lucirse ella misma y ahí radica su genio creativo. 


Ahora sí, la reseña....



El mundo se creó para los muertos. Piensa en todos los muertos que hay —dijo, y luego, como si hubiera concebido la respuesta a todas las insolencias, añadió—: ¡Los muertos son un millón de veces más que los vivos y el tiempo que los muertos pasan muertos es un millón de veces más que el tiempo que los vivos pasan vivos!


     Flannery O’Connor, «Más pobre que un muerto, imposible»


"En mis paseos por Recoleta, elegí mi tumba: soy una suburbana pobretona, no puedo ingresar por derecho de admisión- ni por familia ni por fama- a la Recoleta, pero quiero que mis amigos -si me queda alguno en el momento de mi muerte- arrojen mis cenizas dentro de una tumba particular, la de Mendoza Paz, fundador de la Sociedad Protectora de Animales".  (Enríquez; 2013, pág. 7) 




Índice de viajes (de la Edición que yo leí, que no es la ampliada):


1. El comienzo de los viajes a cementerios. Staglieno, Génova, 1997.

2. Perth, Australia, 2007

3. Estados Unidos: Ohio, Savannah y Nueva Orleans (2012)

4.  América Latina; La Habana (Cuba), Lima (Perú) y Guadalajara (México)

5. Francia: las catacumbas de París y el Cementerio de Montparnasse. 

6. Argentina: Isla Martín García, Carhué, Trevelev (Chubut), Azul y Moreno. 



El libro de Mariana Enriquez me gustó porque trata con respeto estos lugares de reposo y paz para los muertos, cuenta las historias de los personajes célebres que fueron enterrados allí  (escritores, aristócratas, artistas, entre otros), y los no tan célebres. Además, describe muy bien cómo influye la cultura de cada país en su trato hacia los difuntos. 

En "Alguien camina sobre tu tumba", podemos advertir, gracias a las observaciones de la autora, la austeridad y sobriedad de los camposantos anglosajones (estadounidenses y australianos), a diferencia del lujo y la opulencia, la ostentación, de los italianos, franceses, que influenciaron, sin duda alguna, la arquitectura de las bóvedas, tumbas, esculturas de los cementerios latinoamericanos, como el de Lima y el de la Recoleta -el barrio más exclusivo y caro de la Ciudad de Buenos Aires, hasta el día de hoy-, ubicado en Argentina. Hace varios años, que se realizan tours, visitas guiadas para turistas, en éste famoso cementerio, donde están enterrados artistas y escritores: Oliverio Girondo, José Hernández, Sarmiento, Adolfo Bioy Casares, Hilario Ascasubi, Norah Lange... Y próceres, como Bartolomé Mitre, Juan Manuel de Rosas, Eva Duarte de Perón, Mariquita Sánchez de Thompson... 


"Alguien camina sobre tu tumba", son las memorias de viaje de una mujer curiosa, de clase trabajadora, humilde, atrevida, rebelde, con un alma gótica -como mis amadas hermanas Brontë-, cuya mirada está más sesgada por el placer del descubrimiento que por el elitismo que implica demostrarle al lector que tiene estatus y dinero suficiente para recorrer el mundo. En ningún momento vemos a Mariana fascinarse por los lugares tradicionales, caros y costosos de los países que visita -que no está mal tampoco, cada viajero es diferente-, sino que ella se siente atraída por los márgenes. Porque proviene, justamente, de lo que Borges llamaba "las orillas".


La autora argentina se muestra encantada con las casas encantadas del pueblito del sur estadounidense de Savannah, en Georgia, el sencillo Museo del Vudú en Nueva Orleans, Louisana, la cuna del jazz, o sino, por el Cementerio de los Inocentes, es decir, las catacumbas de París, Francia. Como toda escritora que se dedica al género del terror, los vampiros, los fantasmas, los muertos, los espectros, lo lúgubre, lo gótico, le va a llamar la atención. No en vano es fanática de la música rock y del Black Metal -ama a los noruegos Mayhem, se la ha visto con una remera de ésta banda-. 

El lujo, la opulencia, el glamour, la sofisticación, no van con ella. Y por eso, me resulta cautivante su manera de mirar y describir las ciudades, los lugares, las personas que se encuentra por el camino. Mariana encuentra belleza donde otros sólo ven lo trivial, lo cotidiano, lo ordinario. Cualquiera que haya leído sus cuentos o alguna de sus novelas, comprenderá porqué percibe el mundo de esa manera. Porque hay mucho de ella, en su literatura. Rosa Montero, en su brillante ensayo "La loca de la casa", afirma que: "una novela es todo lo que el escritor es: sus sueños, sus lecturas, su edad, su lengua, su apariencia física, sus enfermedades, sus padres, su clase social, su trabajo... y también su género sexual, sin duda alguna." (Montero, 2003, pág. 157) . Yo pienso que la autora española, tiene razón.



-----ALERTA: SPOILERS ----



El lugar donde comenzó todo: Staglieno, Génova, 1997.



En 1997, cuando la autora tenía 25 años, su madre, que es médica de profesión, logró llevarla a conocer Italia, por primera vez. En esa época, pocas personas de la clase trabajadora argentina podían viajar a Europa, porque para nosotros, los argentinos, siempre fue caro, siempre nos quedó lejos. Era un lujo que solamente se podía dar la clase alta, media alta o sino, con mucho sacrificio y ahorros, la gente de clase trabajadora, podía llegar a conocer el viejo continente a los veintitantos años, como le sucedió a Enriquez. 



Luego de visitar Roma, Florencia y Venecia -por Lord Byron- y Bomarzo, debido a la novela de Manuel Mujica Laínez, Mariana y su madre deciden viajar a Génova, solamente por dos días. Ella quería ir al cementerio de Staglieno, porque allí estaba enterrada Constance Lloyd, la viuda de Oscar Wilde. En la calle, ve a un músico callejero, a un violinista italiano, pálido, delgado, con aspecto de vampiro, según ella. O al menos, como así se los imaginaba. Le deja dinero en su estuche y comienza a conversar con él, a coquetear. Se llamaba Enzo, tenía veintitantos como ella, era de Bolonia y le gustaba el rock. Mariana, lo describe así: "Enzo era la criatura más hermosa que yo había visto... para mí, para mi ideal de belleza, que es turbia, y pálida y elástica, oscura y azul, un poco moribundo, pero alegre, más atardecer que la noche. (...) Después de un rato, nos animamos a confesar que, para el rock y sus derivados, preferíamos a los anglosajones." (Enriquez, 2013; pág. 10) Él decide acompañarla al cementerio. 



Cual fragmento de novela romántica/gótica a lo Cumbres Borrascosas, Enriquez nos cuenta cómo el joven italiano de ojos azules y dedos largos la besa contra la pared del puerto, donde el aire era mar puro y más tarde, en el cementerio vacío, de día, le hace el amor de manera salvaje, contra la pared de una tumba. Todo muy punk y rebelde, sin duda. Pero son hechos verídicos, esto no es ficción. No es un invento de su imaginación. 


En Staglieno, la autora encuentra su tumba favorita, la de la familia Delmas, del escultor Luigi Orengo. Es de una joven, María Francesca Delmas, quien tenía 25 años cuando murió. En la escultura, ella está desnuda, tiene los ojos cerrados y un hombre la está levantando apenas, como si durmiese y estuviese desvanecida, un hombre joven, que le besa el pelo y la toma de las piernas con una mano, como si fuese a alzarla. La escultura se llama el último beso y representa a aquel hombre que fue su amante.

Enamorada del violinista italiano, Mariana le pide que vaya a despedirla a la estación de tren. Él, nunca va, porque se marchaba a Milán, y luego, a Londres. Su mamá y ella habían comprado tantos libros que apenas podían cargar con las valijas, las maletas. La autora se pelea con su madre, por la pérdida de su apuesto amante ocasional. Y fue allí, en Staglieno, Génova, donde descubrió la belleza de la arquitectura de los cementerios.



Visitando los cementerios de Rottnest Island, Australia, 2007 


El marido de Mariana Enriquez se llama Paul Harper y es australiano. Una rareza, porque en Argentina, no abundan las mujeres casadas con hombres anglosajones. Lo conoció entrevistándolo para su diario, su periódico, él viajaba por el mundo en bicicleta, en una campaña ecologista. "Pegaron onda" -como decimos en Argentina-, descubrieron que les gustaba la misma música y comenzaron una relación a distancia, hasta que ella se lo trajo a la Argentina, donde se casaron y residieron hasta hace pocos años. Luego se mudaron a Tanzania, Australia. No tienen hijos, sino gatos. Ella no quiso y él, se lo respetó.  En el capítulo del viaje a Australia, Paul todavía vivía en Perth, Australia Occidental. Allí se encuentra la ciudad de Fremantle, que adquirió popularidad y se convirtió en un sitio de moda, debido a que allí creció, estuvo preso y está enterrado Bon Scott, el primer cantante de la banda de rock AC/DC. 

Mariana y su entonces novio se hospedaban en un hostel, esos hoteles baratos para turistas, donde en la noche podían oírse gritos de madrugada, afuera, los borrachos salían de los bares y se peleaban a botellazos. La autora y narradora visita librerías, compra discos de Nick Cave y viaja en ferry hasta la isla de Rottnest, que antaño se utilizaba como prisión. Ésta fue una cárcel destinada a aborígenes desde 1838 a 1931, los edificios importantes de aquel lugar fueron construidos por indígenas cautivos, en las condiciones usuales para prisioneros como ellos: castigos, golpes, hambre, hacinamiento en celdas de 1,7 por 3 metros, terror...

Enriquez no encuentra un tour sobre la historia de los aborígenes en Rottnest. Busca una guía turística, quien la lleva, junto a otros visitantes al cementerio de los colonos, frente a los lagos de sal de la isla. Allí ve el cementerio aborigen de Rottnest Island, donde están enterrados más de 370 y 400 indígenas, que fueron ahorcados, murieron en accidentes o no soportaron las infecciones o las brutales condiciones de cautiverio. 

Mariana menciona que la cuestión aborigen australiana, todavía no se resolvió. En éste país, hubo 300 lenguas aborígenes diferentes. Todavía quedaban nativos y eran pobres, son marginales en Australia, uno de los países más ricos del mundo. Uno de los turistas se molesta por la señalización mínima del cementerio, que antes de los reclamos de los aborígenes del lugar, se utilizaba como parque para acampar. 

Cuando quiere ir a visitar la tumba de Bon Scott, no se anima porque era de noche y las calles estaban oscuras y poco alumbradas. Los cementerios australianos, son parques grandes con placas. No hay estatuas, bóvedas ni esculturas. La austeridad absoluta. Cuando regresa a la Argentina, recibe un disco con la foto de la tumba de Bon Scott, que le llega por correo. La visita la hicieron Paul, su hermana y su cuñado. Me ha gustado mucho su descripción de Australia, porque es un país que no conozco y del que nunca había leído nada y porque además, soy admiradora del grupo AC/DC desde jovencita. 



Un pintoresco tour por Estados Unidos.... Los cementerios de Cincinatti, Ohio; Savannah, Georgia y Nueva Orleans, Louisiana 



Cementerio de Spring Grove, Cincinatti, Ohio. 


Uno de los cementerios más hermosos que visitó Mariana Enriquez en su viaje por Estados Unidos fue el Spring Grove en Cincinnati, condado de Ohio. Allí estuvo de viaje con su pareja, Paul y con Brian, un amigo suyo, un escritor, que los hospedó en su casa, una granja que se encuentra en la frontera con Indiana y Kentucky. La tumba más importante que encontraron fue la de Scarlet Oaks, un antiguo magnate del acero. Pero el cementerio que más me llamó la atención es el Bonaventure Cementery, que se encuentra en Savannah, Georgia. Ésta vez, los amigos buena onda que les van a dar hospedaje son una pareja, Steve y Ned. La autora describe Savannah como una ciudad cálida, oscura, llena de estrellas y menciona el turismo sobrenatural que hay allí. Por suerte, ésta localidad todavía conserva la arquitectura anterior de la Guerra Civil. Ella decidió visitarla porque leyó el libro "Medianoche en el jardín del bien y el mal" de John Berendt. 


"Savannah es lánguida y apacible, en perpetuo domingo, hermosa y pequeña como un jardín secreto. Tiene 22 plazas en el distrito histórico y la luz del sol llega manchada por los robles y por el musgo español, que es plateado y a veces roza el suelo de tan largo." (...) (Enriquez, 2013, pág. 79)


Por su parte, Bonaventure Cementery es halagado por la prensa como el más bello del mundo. "Fantasmal, sugerente y romántico", afirma la autora. Pero no es el único que Mariana visita. También va al Colonial Park, clausurado para los entierros desde 1853. "Es un cementerio de presidentes, gobernadores y soldados, para un extranjero o para alguien que no sepa nada de historia, es un cementerio que no tiene famosos. Los locales pasean a sus perros, leen el diario o leen un libro, o toman el sol en sus bancos. Es un cementerio parque, desde 1899. Y está en el centro, entre bulevares, cerca de la catedral, enrejado, todo alrededor, mansiones. Podría ser una plaza sino fuera por las lápidas, que apenas se leen, que son muy viejas". (2013; pág. 82) 




La historia más famosa es la de las tropas del comandante Sherman, en plena Guerra Civil que llegaron en el invierno de 1864 y cómo hacía mucho frío, se resguardaron dentro de las criptas, para acampar. Ya no se enterraba a nadie allí. Hay otras anécdotas muy interesantes sobre las figuras enterradas en éste lugar, pero no voy a mencionarlas por si alguien quiere leer el libro. 


Ciudades de los muertos: Nueva Orleans, Louisana


Cementerio de St. Louis, Nueva Orleans


Uno de mis capítulos preferidos de "Alguien camina sobre tu tumba" es aquel en el que su autora viaja a la célebre ciudad de Nueva Orleans, cuna del jazz, buscando rastros de la religión vudú. Visita la tumba de Marie Laveau, la más concurrida de Estados Unidos, junto a la de Elvis Priestley -que también va a visitar más tarde, aunque no voy a hablar de eso-. Intenta llegar a los pantanos de Louisana, donde viven sacerdotisas vudú en tráileres. Pero no puede porque no tiene auto y afirma que en Estados Unidos, no tener auto es como no tener pulso. 


Museo del Vudú

Enriquez visita el Museo del Vudú, un museo pobre, que no vende postales y casi no tiene público. Armado por los vecinos con voluntad y afecto, le parece hermoso: "No es un chiste el vudú para quien lo mantiene, la información lo desborda todo, no hay efectismo, no hay historias de terror, no hay más que un profundo respeto por esta religión que los esclavos trajeron desde Benín". (2013, pág. 92) Ella afirma que se enamoró de Nueva Orleans desde que la vio en una foto. Y el guía del museo, no se impresionó al saber que provenía de un lugar tan lejano como la Argentina, porque había conocido a muchas turistas como ella. Hay una frase que me encantó, porque en ella, reconozco a una escritora argentina, latinoamericana, con todo lo que ello implica:


"Antes nunca tuve dinero para un viaje así. Y quizá, sea la última vez. Si se lo contara al hombre, él sonreiría." (2013, pág.94) 


Estamos ante una viajera que reconoce, sin vergüenza o pudor, que no tenía las posibilidades económicas de afrontar un viaje hacia un país tan lejano al suyo. Y hablar de la pobreza, de las crisis económicas, es hablar de la realidad argentina -el libro fue publicado en el 2013- que venimos padeciendo desde hace décadas. Los lectores europeos o estadounidenses no tienen ni idea de lo costoso que nos resulta, a los latinoamericanos, o sudamericanos, viajar al extranjero, al hemisferio norte. Hay unos pocos afortunados, que ahorrando dinero y con mucho sacrificio, pueden hacerlo, por lo general, una sola vez en la vida. Me refiero a las personas de clase trabajadora o media, no a la gente de clase alta. 


La Nueva Orleans del vampiro Lestat, personaje de la autora Anne Rice



Ser argentino -o de cualquier otro país de América Latina- no es lo mismo que nacer y vivir en Europa, donde te tomás un tren y ya está, en dos o tres horas, cruzaste la frontera y conocés otro país. Los argentinos, estamos, en el fin del mundo. Por éste motivo, me gustó tanto éste libro de viaje de Mariana Enríquez. Porque yo no puedo dejar de ser latinoamericana, aunque mis raíces, por una cuestión familiar, estén en Europa. Porque aquí, en Argentina, nací y crecí. El temor a la pobreza de la clase media, la diferencia entre las clases sociales, la marginalidad, la violencia, son temas presentes en la literatura de ésta escritora. Y escribe de esto porque se crio en el conurbano bonaerense, no en Recoleta o Barrio Norte. En la zona más pobre, marginal y peligrosa de la provincia de Buenos Aires. Por eso ve la parte de la Argentina, que muchos no quieren mirar.

Pero volviendo a su viaje por Nueva Orleans, ella fue a los cementerios. A visitar el St. Louis n°1, el más antiguo de la ciudad. Como ésta se encuentra sobre un pantano, las tumbas no están bajo tierra, sino que solamente hay nichos, bóvedas y panteones. No me detengo demasiado en esto, para no spoilear el resto del libro, aunque fue uno de mis capítulos preferidos del mismo. 

Mariana no solamente va a conocer el cementerio más antiguo y clásico, sino que también visita el de los indigentes, el cementerio Holt, en el que sí hay tumbas bajo tierra. Ella afirma que se parece a los de América Latina, por su colorido y por los objetos que dejan allí los familiares de los muertos. Lejos de la rigidez de los cementerios de USA, que son sencillos, aunque la decoración no se prohíbe, se considera poco menos que un espanto supersticioso o indica una falta de respeto. Para la autora, Nueva Orleans es una ciudad de vampiros. Porque allí vive el vampiro Lestat de la saga Crónicas Vampíricas de Anne Rice, que ella leyó con fervor en su juventud, aunque afirma que a partir del tercer libro, perdieron calidad. 




América Latina: La Habana (Cuba), Guadalajara, (México) y Lima (Perú). 



Uno de los capítulos que más me cautivó de éste libro, es aquel en el que Mariana visita, en el año 2001, la capital de Cuba, La Habana, para ver un concierto de su banda favorita, los británicos Manic Street Preachers, quienes nunca habían tocado en Latinoamérica antes. Ella viajó allí como periodista acreditada, entrevistó a los chicos de la banda y cubrió la noticia para el periódico dónde hasta el día de hoy trabaja, Página 12. 

La autora se gastó todos sus ahorros en el pasaje y la estadía en Cuba, en plena crisis del 2001 -año fatídico para los argentinos si los hubo, yo era pequeña en ése entonces, tendría 6 o 7 años y recuerdo haber visto al presidente huyendo en helicóptero, por televisión, los cacerolazos y los saqueos a los supermercados-. 

Los Manic Street Preachers eran cuatro chicos galeses de familias obreras o mineras, que usaban sacos de leopardo y los ojos delineados. Mariana moría por ellos, por las letras de sus canciones, por su música.... Sin embargo, el guitarrista, desapareció en 1991, encontraron su automóvil junto a una playa, abandonado. Unos años después, lo dieron por muerto, aunque jamás encontraron su cadáver. Enriquez decidió viajar a La Habana en el 2001 porque pensaba que Richey, el joven guitarrista, iba a aparecer de nuevo, en público. Este grupo fue el primero que Fidel Castro autorizó para que ingrese y de un concierto en la isla. De hecho, el mismo Castro asistió al recital y se tomó fotos con los músicos, que decían que tenían ideología de izquierda.


Los Manic Street Preachers dando su primer concierto en América Latina, en el teatro Karl Marx de La Habana, Cuba. 



Mariana, al llegar a Cuba, se hospedó en casa de Albertico, un amigo de Lucas, otro amigo suyo, porque no podía ni quería pagar un hotel. El joven cubano fue un excelente anfitrión, vivía en una casa preciosa, bien decorada, en un barrio céntrico, el Vedado -dónde vivía la aristocracia cubana antes de la Revolución-. Albertico la acompañó al concierto de los Manics en el Teatro Karl Marx. Lo curioso es que en la isla, nadie los conocía a los ingleses. Los organizadores cubanos llevaron chicos de las escuelas secundarias, trabajadores sociales y gente de la cultura, además de la prensa internacional. Ella, que ya tenía experiencia cubriendo éste tipo de eventos musicales para su periódico (como los recitales de los Redondos de Ricota), se da cuenta de la improvisación del show. Se sorprende cuando ve a Castro entre el público, casi sin seguridad. Albertico le dice, que "a Fidel nadie lo puede matar". El amigo, que era gay y vivía con su novio, se enfada con Mariana por su decisión de no tener hijos.



Ella disfruta el show, escribe la crónica para su periódico y se saca una foto con el bajista del grupo, Nickey Wire. Al tercer día de su estadía en Cuba, Albertico la lleva a visitar la Necrópolis de Colón, el cementerio más famoso de La Habana. "La pálida muerte entra por igual en las cabañas de los pobres que en los palacios de los reyes", dice un cartel grabado en la fachada del camposanto. Su amigo cubano, que se conocía todas las anécdotas de los personajes célebres enterrados allí, la lleva a recorrer los mausoleos de las familias ricas de Cuba, que se habían ido tras la Revolución. Todas las tumbas eran blancas, como quemadas por el sol, la luz, la sal, la lluvia del trópico.


Necrópolis de Colón, Cuba


Albertico y Mariana visitan la tumba de Alejo Carpentier y José Lezama Lima, los grandes escritores cubanos, entre otras de personajes célebres de la alta sociedad de aquel país. Ella termina el capítulo afirmando que Richey, el guitarrista de los Manic Street Preachers, no acudió al concierto porque estaba muerto. Conservó la amistad con su anfitrión, Alberto, se intercambiaron mails, hasta que él apareció muerto en circunstancias sospechosas, en el 2008. Mariana sospecha que lo mataron para robarle en su casa. Nunca supo la verdad de lo que pasó con él.


Cementerio Presbítero Maestro, Lima, Perú, 2008.


Aprovechando su viaje a la Feria del Libro de Lima, la autora aprovechó para visitar el famoso Cementerio Presbítero Maestro, según ella, el gran elefante blanco de los cementerios patrimoniales de América Latina, el más fabuloso de todos, que supera en impacto y belleza al de Recoleta. Doris y Julio, sus anfitriones en Lima, le comunican que el Presbítero Maestro se encuentra en una de los barrios más peligrosos y pobres de la ciudad. Se inauguró el 31 de mayo de 1808 por órdenes del rey español Alfonso X en el siglo XIII. 

A Mariana la lleva hasta el cementerio lo que en Argentina llamamos un remís, es decir, una especie de taxi. El chofer, peruano y limeño, le advierte que no se baje sola por el barrio, que corre peligro de que le roben, hasta se ofrece a esperarla afuera de las puertas del lugar. "Señorita, tenga cuidado", le pide, preocupado, al verla una mujer extranjera que no conocía el lugar. Efectivamente, mientras están llegando, ella mira por la venta, ve un barrio de viviendas precarias, calles de tierra -paisajes a los que estamos acostumbrados en Argentina, más si sos del conurbano, como ella- y mucha gente caminando, como si fuera un día de feria. 


El Presbítero Maestro es un museo, al que estaban restaurando. La autora lo describe como gris, triste y hermoso. La primera tumba que ella visita es la de José Carlos Mariategui, el primer marxista latinoamericano. "Con otros datos me armo un pequeño recorrido por tumbas famosas: me da tristeza conocer a tan pocos. Me da tristeza pensar en los cementerios europeos, llenos de celebridades globales. Me subleva que la dominación sea tan obvia y que no pueda ganarle ni la muerte." (2013; pág.48), reflexiona. 


El Cementerio Presbítero Maestro de Lima, Perú


La tumba más bonita que encuentra ésta viajera es la de Juan Elguera, cerca de la puerta tres. Tiene una estatua súper sensual de un hombre desnudo, sobre una roca. Las estatuas pertenecían a los burgueses que importaban de Italia los mismos objetos funerarios artísticos, ostentosos. También aparece el Ángel de Monteverde de la tumba Oneto que vio en Staglieno, Génova. A su vez, La Cripta de los Héroes, le parece impactante. 

Cuando la autora está a punto de volver junto al amable remisero limeño al centro de la ciudad, el guarda del cementerio le comenta que el otro día, habían encontrado el cadáver de un dominicano decapitado, por "asuntos de narcos". Luego ella regresa con sus anfitriones y en Internet, encuentra la crónica policial del caso en un periódico local. Efectivamente, el guarda no le mentía y el macabro hecho, había ocurrido.


Panteón de Belén y Panteón de Mezquitán, Guadalajara, México, 2012. 


Mariana Enriquez viajó a México, en el 2012, por invitación, en noviembre, para la Feria del Libro de Guadalajara, una de las más importantes de Latinoamérica. Una escritora mexicana le comenta, cuando llegan a la ciudad, que era normal que no pudiera comprender a México, porque era grande y diverso. A la autora argentina, como era de esperarse, en una novelista y cuentista que se dedica al género del terror, le simpatiza la festividad del Día de los Muertos, en la que los mexicanos honran a sus difuntos adornando sus tumbas con papeles coloridos, dejando ofrendas, alimentos y decorando con las Catrinas, esas muñequitas mexicanas hechas con esqueletos pintados. Describe con alegría y felicidad la decoración que todavía se veía por Guadalajara:


"Las Catrinas de barro, algunas del tamaño de un dedo menique, otras de niños de cinco años. Una lotería que tenía, en vez de los dibujos tradicionales, diferentes versiones de la muerte. Todo en color y con brillantina, bajo el sol, con guirnaldas y flores, con rancheras y corridos que suenan en la radio y afuera, la intensidad de este país donde se huele el desierto." (2013; pág.117) 


Una Catrina mexicana


En México a los cementerios se los llama panteones, el primero que visita la escritora es el de Belén, que ya no se usa para entierros. Es un museo, un lugar turístico donde se cobra entradas y se ofrecen visitas guiadas. El Día de los Muertos se celebra ahí con obras de teatro, juegos de luces y un réquiem. Sin embargo, la autora no llega a tiempo para esa festividad. 


Va al cementerio sin guía. Éste se encuentra en el casco histórico de Guadalajara. Allí se entera de que se utilizó apenas 50 años, desde 1848 hasta 1896, fue cerrado por temas de salubridad. Ella lo describe como pequeño, hermoso y endeble, con nichos sin placas ni lápidas. Por un lado, ve la parte de los pobres, donde estaban enterrados los que murieron por epidemias de viruela y cólera. Encuentra algunos muertos ricos y famosos, como era de esperarse. Entre ellos, la familia Cuervo, dueños de una marca de tequila, quienes tenían un mausoleo gótico abierto. 

Lo que más me ha gustado de éste capítulo, son las observaciones que la autora hace de la cultura mexicana, de cómo los habitantes de éste país aceptan la muerte sin dramatismos ni tristeza, sino que celebran a sus fallecidos más queridos con una fiesta repleta de colorido y alegría, amor. En lo personal, México es un país que me encantaría conocer porque me resulta fascinante, por su historia milenaria y por su gente, que me resulta muy simpática -como mi amiga Jackie, antigua colega en la web donde reseñaba música. Sólo que ella no es de Guadalajara, sino que es de la capital-.


También visita el Panteón de Mezquitán, en el que ve carteles donde se pide a los turistas que no se trepen sobre las tumbas, porque hay peligro de derrumbe. Un perro negro, la asusta y le ladra, porque custodiaba una tumba. El guardia del cementerio, le dijo que el perro era noble y compañero, ella prefiere imaginárselo así, como un animal fiel que cuida y vigila los restos de su dueño, antes que un perro vigilante y policía. 




Argentina: isla Martín García, Carhué y Moreno


La isla Martín García es famosa porque allí estuvo preso durante unos días Juan Domingo Perón, probablemente el político argentino más famoso de todos los tiempos. La autora la visitó en el año 2008 porque Paul, su marido, quería conocerla. Ella afirma que no le gustan las islas. Ésta se encuentra ubicada en el partido bonaerense de Tigre. 

Una particularidad del cementerio de ésta isla es que las cruces de las tumbas tienen el eje horizontal inclinado, como si estuviera flojo, vencido, lo cual es único en el mundo. Mariana y su marido recorren el cementerio junto a un guía turístico y un grupo de visitantes. Ya no se utilizaba más, porque los muertos los enterraban en el continente. En la isla, viven 180 personas, empleados de la provincia. 

La autora comenta la historia del lugar, en la prisión de Martín García, estuvieron prisioneros los aborígenes de la Campaña del Desierto, que fueron hacinados en Punta Cañón. Además, todavía había un crematorio donde se quemaron cuerpos de los desaparecidos en la última dictadura militar. Pero de esto, el guía, no quiere hablar, por supuesto, no es un tema ideal para atraer turistas. Como de costumbre, Mariana no le esquiva a la parte más oscura, turbia y lamentable de la historia argentina. Y esas observaciones, esos detalles, yo al menos, como lectora, los agradezco. Que nos cuente el lado malo, el lado tenebroso, de los camposantos, no sólo de las esculturas y las tumbas bonitas.


La aparición de Marta Angélica. La Reja, Moreno, 2011. 


Uno de los capítulos más emotivos y desoladores de éste libro, es el dedicado al cementerio de Moreno, una localidad muy humilde del conurbano bonaerense. Porque el entierro al que Enriquez asistió, era el de la madre de una compañera de trabajo, Marta Dillon, cuyo cuerpo había desaparecido más de treinta años atrás, en la última dictadura militar. 

Para los que no son argentinos y desconocen la historia de mi país, "desaparecido" se le llama en Argentina a las personas que fueron secuestradas, torturadas en campos clandestinos de detención -la ESMA, la Escuela de Mecánica de la Armada, fue el más tristemente célebre de ellos- y asesinadas por los militares entre 1976 y 1982. Muchos de los cuerpos de éstas personas eran enterradas en fosas comunes, sin identificar, como NN. Si no había cadáveres identificados, no había crimen.

La amiga y colega periodista de la autora, después de 35 años, pudo enterrar a su madre  -aunque su torso no lo encontraron, sólo hallaron algunas partes del cuerpo- quien fue secuestrada y desaparecida el 28 de octubre de 1976. 


Marta Angélica y dos de sus hijos, un par de años antes de desaparecer. 


Marta Angélica, de profesión maestra y abogada, era militante y fue asesinada en Ciudadela, en 1977. Tenía 35 años cuando una patota irrumpió en su casa, se la llevaron a ella, a su novio y a una amiga, adelante de sus cuatro hijos, que eran niños. La fusilaron y enterraron en una fosa común en el cementerio de San Martín, Buenos Aires. Fue identificada por el Equipo Argentino de Antropología Forense y su hija, junto a sus familiares y amigos, iba a enterrarla en el año 2011, en Moreno, la ciudad donde había vivido.


El entierro, 35 años después de su muerte, de los restos de Marta Angélica, en el cementerio de La Reja, Moreno.


Mariana viaja por primera vez a Moreno, en pleno agosto, hacía un frío tremendo. Me causa mucha gracia cuando describe el paisaje de ésta localidad como "de basurales y vacío, en ese paisaje post-apocalíptico que a veces se ve en algunas partes del conurbano", porque lo reconozco, a mi me toca trabajar en lugares así. En gran parte de mi ciudad natal, donde vivo, los paisajes son como los de Moreno. Menudo contraste el cementerio de La Reja, con la opulencia y la elegancia del de Staglieno, Génova, el de la Recoleta, sin irnos más lejos o el de Lima, Perú. 

La Reja es un cementerio humilde, sin glamour, donde los familiares de los muertos dejan sobre las tumbas jazmines, frascos de café, flores de plástico y no hay visitas guiadas ni olas de turistas sacando fotografías. El entierro de la mamá de la amiga de la escritora muy conmovedor y triste, emotivo. No ahondo más por si alguien quiere leer el libro. Pero la historia de Marta Angélica, es parte de la historia más dolorosa, traumática y reciente de la Argentina y me alegra que Mariana Enriquez la incluyera en su libro. Porque implica un baño de realidad. Un pueblo siempre debe tener memoria.

Por último, no voy a ahondar en el capítulo más atractivo y memorable de Alguien camina sobre tu tumba, cuando la autora visita las Catacumbas de París y el Cementerio de Montparnasse -sí puedo decir que va a la tumba de Cortázar- , invitada y hospedada por su amiga Vicky, que vive en un barrio de inmigrantes africanos en la capital francesa. No porque no me haya gustado, sino porque no quiero spoilear todo el libro. 


---- FIN DE LOS SPOILERS--- 



Mariana Enriquez, la viajera suburbana de los cementerios 



Alguna vez, me han definido, con certeza, como una mujer poco convencional. Otros, con menor sutileza, me describieron directamente como "rara". Es verdad. Porque hay que ser así para que prefieras leer un libro de viajes sobre cementerios de diferentes lugares del mundo, antes que memorias de turismo acerca de paisajes bonitos, alegres y lujosos. A muchas personas, la muerte les da miedo. A mí, no. Es parte de la vida. Los cementerios son lugares que tienen algo especial. Más allá de la belleza que puedan entrañar las esculturas, las bóvedas, la arquitectura antigua, no dejan de ser sitios donde reposan los muertos. Tristes, solitarios, lúgubres. Pero que nos recuerdan, que somos frágiles y que por más que nos hayamos rodeado de comodidades, de confort o de bienes materiales, todos tendremos el mismo final. 


Pero más allá de mis sentimientos o sensaciones respecto a éstos lugares, debo admitir que uno de los principales motivos por los cuales leí éste libro de viajes es porque lo escribió Mariana Enriquez, una autora a la que conozco bien. Reitero, no suelo leer narrativa de éste tipo, no por despreciarla, sino porque todavía me queda conocer demasiados clásicos de ficción como para leer las memorias de viajes de otras personas.

Claro que Alguien camina sobre tu tumba no es un libro recomendable para todos los paladares. Te tiene que gustar lo gótico, lo sombrío, lo dark, para leer este libro. O conocer los cuentos y las novelas de ésta escritora argentina y ser admirador suyo. O sino, estar interesado en leer retratos de ciudades latinoamericanas, europeas o estadounidenses, pero no desde los ojos de una turista que busca lo bello, lo lujoso, lo glamoroso, sino de una que ahonda en lo cotidiano, lo oscuro, lo tétrico, lo marginal. 

Enriquez es una periodista que se formó cubriendo conciertos de rock de músicos reconocidos, hasta llegó a entrevistar a Metallica. Fanática del rock, del Black Metal, de los poetas malditos como Byron, Rimbaud, de los vampiros, del terror, va a tener una percepción de las ciudades y lugares que visita, muy diferentes a las de otros autores con una formación más clásica.

Solamente una autora que viene de una clase social humilde, una "suburbana pobretona", como se definió ella, iba a ser capaz de escribir un libro así. Ella no tiene vergüenza en admitir que se gastó todos sus ahorros para viajar a Cuba, que se aloja en casas de amigos, porque no se puede costear un hotel, o que no sabe cuándo podrá realizar otra vez un viaje así por los Estados Unidos. Y fíjense, que no viajó a las ciudades más famosas y cosmopolitas (Los Ángeles, Miami, Nueva York), sino que fue a explorar el sur profundo, el interior del país. A buscar los cementerios antiguos, las casas embrujadas, los museos del vudú, los pueblitos que sobrevivieron a la Guerra Civil...

Tal vez, porque yo también soy una suburbana como ella (argentina, latinoamericana) me siento más interpelada por su manera de mirar el mundo, por su libro de viajes, que por otros de autores europeos de una clase social más elevada. A mí, también me gusta el rock y el heavy metal. Como ella, prefiero calzarme un par de borcegos negros y oír música estridente a todo volumen. Uno, reconoce a los de su tribu. A las mujeres que son como una. Y cuando resulta que una señora así tiene talento, sabe escribir y es creativa, vale la pena leerla. 



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