Hércules Poirot, mi detective favorito
El actor David Suchet interpretando a Poirot en la serie de la cadena ITV.
Mi primer detective favorito, cuando era una niña, era un perro grandanés que hablaba y resolvía misterios junto a sus amigos humanos: Shaggy, Velma, Daphne y Fred. Se llamaba Scooby Doo y sus aventuras las emitían en formato de dibujos animados por el canal Cartoon Network.
En cada episodio de "¿Qué hay de nuevo Scooby Doo?" había un robo o un misterio por resolver y el carismático grandanés -amante de la comida y bastante miedoso- junto a sus amigos, tenía que investigar quién era el culpable. No había asesinatos porque era un dibujo animado para niños. También veía algunos episodios grabados en los 60's, porque éste programa tuvo tanto éxito que se emite desde aquel entonces. A principios de los 2000, mi madre solía alquilarme en VHS las películas de Scooby Doo, que mi hermana y yo adorábamos. Mis favoritas eran "La isla de los zombies" y "El fantasma de la bruja", porque había una banda de rock femenina. Unos años más tarde, se estrenaron dos películas con actores reales en el cine, yo fui a ver la segunda parte: "Monstruos sueltos".
Tuve la suerte de tener, a lo largo de mi vida, dos perras de raza grandanés, y les puedo asegurar que se parecían mucho al célebre can detective. Los grandanés son animales muy cariñosos, demostrativos, un poco torpes debido a su fuerza y tamaño, adoran la comida (las mías a veces trataban de robar postres como tortas, por ejemplo), subirse "a upa" de sus dueños y tienen una inteligencia casi humana. Son inolvidables, por eso, cuando se mueren, uno sufre tanto que ya no quiere volver a tener un perro de esa raza. Yo tuve dos: una taqueada, es decir, de pelaje gris con manchas negras -cuando era niña- y otra boston, que era una hermosura de animal.
Scooby Doo fue mi primer detective preferido de la televisión, aunque de pequeña, leía todas las novelas policiales infantiles que le daban a mi hermana en la escuela. Desde aquella época, me atrapan y enganchan las historias de resolución de enigmas y crímenes. Ya siendo adolescente, leí a Edgar Allan Poe y su Auguste Dupin, a Conan Doyle y a su célebre Sherlock Holmes, pero el detective literario que se robó mi corazón para siempre fue Hércules Poirot, creado por la escritora británica Agatha Christie.
Poirot era un ex miembro de la policía belga, llegó a Gran Bretaña como refugiado tras la Primera Guerra Mundial. Hablaba inglés con acento afrancesado, era bajito, con cabeza en forma de huevo y tenía un bigote bien recortado, prolijo y simétrico. Vivía en Londres y trabajaba como detective privado, llegó a ser famoso por su talento para la resolución de crímenes. Era un obsesivo del orden, la limpieza y siempre estaba vestido de manera impecable. Era un tanto excéntrico y quisquilloso -su creadora terminó detestándolo, lo tildó de "arrogante"- , su sueño era irse a vivir al campo y cultivar calabacines cuando se jubilara. Su compañero habitual de aventuras era su mejor amigo, el capitán Hastings, un militar retirado.
A Hércules Poirot, a diferencia de Sherlock Holmes, no lo obsesionaban las pistas como colillas de cigarrillo o huellas, sino que lo más importante para él, a la hora de resolver un caso, era el uso de las "pequeñas células grises", es decir, las neuronas. Lo que más me cautivó y fascinó de Poirot es que luego de los habituales interrogatorios de los sospechosos del crimen (robo o asesinato) descubría al culpable mediante el análisis del perfil psicológico. Para él, los principales motivos que llevaban a una persona a asesinar a alguien eran los celos, la envidia, la ambición, la codicia, el despecho... Consideraba que la maldad era propia de la condición humana y siempre sentía mucha culpa cuando no podía evitar algún crimen, porque atrapó a varios asesinos que no dudaban en matar a varias víctimas para lograr su objetivo -u ocultar su responsabilidad-.
Los primeros ejemplares de los libros de Agatha Christie que leí cuando era una adolescente eran la mayoría de Editorial El Molino, apenas tenían interlineado. Los saqué de la Biblioteca donde era socia y en los veranos, recuerdo que leía mucho las aventuras de Poirot, también algunas de Miss Marple, la anciana detective que protagonizó varias novelas de Christie. Unos años más tarde, mi madre, que conoce mi amor y pasión por los libros de ésta escritora británica, me regaló una veintena de la colección que salió a la venta con el diario La Nación, todavía las conservo en mi biblioteca personal: "Muerte en el Nilo", "Asesinato en el Orient Express", "Cinco cerditos", "Después del funeral", "Asesinato en el campo de golf", "El secreto de Chimneys", "Primeros casos de Poirot", "Misterio en el Caribe"...
Una novela de Agatha, a mis catorce y quince años, era diversión, alegría, entretenimiento y desafío intelectual. Por más autora bestseller que sea -se supone que su lectura debería ser fácil y muy accesible- a sus libros hay que leerlos con detenimiento, prestarle mucha atención a los personajes y al desarrollo de la trama. Además, otro aspecto que le destaco a Christie es la caracterización de los personajes, las motivaciones de los criminales y los giros argumentales. Lo que más me entusiasma son los finales, cuando Poirot reúne a todos los personajes y revela quién es el culpable del robo u asesinato. Tengo colegas que me contaron, que no es fácil llevar a Agatha Christie al aula porque no es una escritora contemporánea, viva, fácil de leer para los chicos de las nuevas generaciones. Es una autora que escribía para lectores de otra época: empezó a publicar en los años '20 hasta 1975, cerca de la fecha de su fallecimiento. Sus historias, por lo general, se ambientan en la campiña inglesa, aunque hay algunos libros cuyas historias transcurren en lugares exóticos: Egipto, Mesopotamia, el Caribe, Suiza, Turquía...
Poirot en la adaptación de "Asesinato en Mesopotamia", ambientado en Medio Oriente
Poirot en Egipto, adaptación de la novela "Muerte en el Nilo", una de las más famosas de Agatha Christie
Agatha Christie fue una gran viajera y pasó temporadas enteras en Medio Oriente, acompañando a su segundo marido, el arqueólogo Max Mallowan, en sus expediciones para el Museo Británico. Era una mujer que no le temía a la aventura y a alojarse en lugares precarios, como en carpas en el medio del desierto. Fue transgresora: viajaba sola en tren por Europa, lo que estaba mal visto por la sociedad de su época, se divorció de su primer esposo (que le fue infiel) y se casó con un hombre diez años más joven que ella, lo cual fue un escándalo en su momento. La escritora argentina Gabriela Margall escribió la novela romántica Huellas en el Desierto, en la cual narra la historia de amor de Agatha Christie y Max Mallowan.
Asesinato en el Orient Express, novela inspirada por los viajes de la autora en el famoso tren, puede que sea el caso más famoso de Poirot
Agatha Christie en Medio Oriente, en una de las excavaciones arqueológicas de su marido, Max Mallowan
Cuando era adolescente, descubrí la serie Agatha Christie's Poirot (1989-2013), protagonizada por el actor David Suchet, que la transmitían por el canal Film and Arts. He visto algunas películas con Peter Ustinov (Maldad Bajo el Sol y Muerte en el Nilo) y Kenneth Branagh, pero para mí, el mejor Poirot es David Suchet. Físicamente, es el que más se parece al pequeño detective belga, además de que se tomó el trabajo de leer las 80 novelas protagonizadas por el personaje y de anotar con lápiz todos los detalles de su comportamiento.
Las primeras temporadas de la serie, grabadas a fines de la década de los 80's adaptan los cuentos de Agatha Christie, son episodios de 50 minutos. A partir de la temporada 4, la ITV comenzó a adaptar novelas enteras, cuyas adaptaciones televisivas duraban hora y media. Es una serie de gran calidad, en la que participaron como personajes secundarios muchos actores famosos y prestigiosos: Jessica Chastain, Emily Blunt, mi adorado Michael Fassbender, Joely Richardson, Tim Curry, entre muchos otros. Amaba la serie de Poirot y disfrutaba muchísimo mirando sus episodios, casi nunca descubría quien era el culpable. También existe la serie de Miss Marple, de la cual vi algún que otro episodio, pero no es tan popular como el detective belga.
Años más tarde, conocí a otros detectives literarios que me provocan simpatía, cuyas historias me entusiasmaron muchísimo: Lisbeth Salander (la hacker de la saga Millennium de Stieg Larsson), Greta Lindberg de Lena Svensson (que es argentina, pero usa seudónimo), la intrépida Erika Falck de Camilla Läckberg, Rebecka Martinsson de Åsa Larsson, la inspectora Amaia Salazar de Dolores Redondo... Pero el que siempre tendrá un lugar privilegiado en mi corazón de lectora es Hércules Poirot, cuyas pequeñas células grises casi nunca fallaban, porque tenía una habilidad especial para detectar qué es lo que provoca la maldad humana, lo que detona la crueldad del ser humano. Reitero, lo que más me impresionaba de éste personaje, es que descubría a los culpables estudiando su perfil psicológico, un método muy utilizado a fines del siglo XX y principios del siglo XXI (como se puede ver en la serie de Netflix Mindhunter, por ejemplo).
Más allá de que me encantan los libros de Agatha y leí más de una veintena -me faltan unos sesenta para terminar su bibliografía, por lo menos- de los casos de Hércules Poirot y Miss Marple, debo admitir que me encantaría comprarme los DVD y ver la serie completa de nuevo, porque es excelente. Por lo menos, me gustaría mirar los episodios de una hora en los cuales se adaptan las novelas de la señora Christie. Reencontrarse con Poirot es como volver a ver a un amigo de muchos años. Sé que Sherlock Holmes es más famoso y popular (en su momento, disfruté mucho los libros de Conan Doyle, es un gran autor), pero el pequeño belga siempre será mi sabueso preferido. 💓




















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